Final Fantasy, vuelve la magia

Final Fantasy, vuelve la magia

Los seguidores de FF contamos los días hasta el 9 de marzo. ¡Y ya sólo queda un mes! 3 años han pasado desde que Final Fantasy XIII llegara a nuestras tiendas. Tres años de imágenes a cuentagotas, trailers espectaculares y promesas y más promesas sobre un juego que tiene que ser la revolución. Y, por fin, el juego estrella de Square salta a las consolas de nueva generación (PS3 y Xbox360) para volver a hacernos soñar.

Me enganché a los Final cuando tenía 13 años. Por entonces, un amigo me recomendó un juego que estaba pegando fuerte en PlayStation, el Final Fantasy VII. Me picó la curiosidad y reuní unos ahorros para comprarlo para PC (curiosamente no compré mi primera consola hasta que los Final Fantasy se volvieron exclusividad de Sony). Un acierto.

Fueron 2 meses intensos. Me uní a Cloud en su lucha contra Shinra. Temí a Sephirot y me enamoré de Aerith. Aquel juego me cambió, me hizo sentir una experiencia que no había tenido nunca frente a una pantalla. Era un juego diferente. Era, y será siempre, el Juego. La profundidad de su historia, la carga emocional de sus personajes, las cinemáticas, la estupenda Banda Sonora (el tema de Aerith es brillante) y aquel género RPG que hasta entonces no conocía, me atraparon para siempre.

Quizás por eso, siempre que vuelve a saltar un Final Fantasy al mercado no puedo evitar ilusionarme y esperarlo con mucha emoción. Deseando, de alguna manera, que vuelvan esos dos meses de adolescencia en los que jugué a ser Soldado y a destruir reactores Mako.

No todos los Final consiguen ese efecto. Los he jugado todos. Me encantataron el VIII y el IX. Cada uno en su estilo, con una historia muy elaborada por parte del VIII (como olvidar el momento en que Edea hace apareción en aquel desfile y te atraviesa con una lanza de hielo–> Inserte CD2) y con la escenificación medieval y Super Deformed del IX. Compré la ps2 sólo para jugar al FFX. Pedí de importación el Final XI, y lo jugué en Inglés con americanos y japoneses durante unos meses, a pesar de no relacionarlo mucho con el género de sus antecesores. Entre tanto, mientras esperaba que salieran uno u otro, repasé la antología FFIII, FFIV y FFV y FFVI. Ya no recuerdo cuantos de ellos me llegué a pasar.  Eso no es lo importante.

Lo importante de los Final Fantasy es su esencia. Porque, a pesar de que cada título es diferente, ya en la escena de inicio te arranca un escalofrío. Porque todos mantienen la magia y te vuelves loco por empezar. Por aprender los primeros piro, rayo y cura. Por que el protagonista te cuente sus secretos. Por ver completa esa escena que aparecía en los trailers. Por que te regalen pociones y plumas de ave fénix (y no tengas que comprarlas!). Porque quieres volver a montar un chocobo. Por Invocar a Shiva e Ifrit. Por conseguir a Odín y derrotar a los malos. Por conocer a Cid (otra vez) en cualquiera de sus formas. Por conseguir esas armas tan impresionantes, que hacen estupendos fuegos artificiales. Por pilotar vehículos que te lleven a lugares inaccesibles. Por matar esos monstruos que no caben en la pantalla y de un solo golpe te dejan frito. Por escuchar la música de los genios japoneses. Porque siempre te enamoras de las Aerith y las Rinoas… Porque son historias tristes y temes por las vidas de tus personajes en cambios de guión inesperados. Eso es para mí Final Fantasy.

Y aunque no todos sean los mejores juegos del año, ni ninguno llegué a ser como mi idolatrado FFVIII, tenemos la suerte de que la magia no termina. Siempre habrá otro Final rompiendo con todo, que ponga a prueba las capacidades de las últimas consolas y que nos haga contar los días a los que un día quedamos atrapados por la Fantasia por excelencia.

Lightning, sorpréndeme.